UAQ analiza los retos que enfrentan los hombres para expresar emociones y buscar apoyo psicológico

Las ideas tradicionales sobre la masculinidad continúan influyendo en la manera en que algunos hombres enfrentan situaciones de estrés, sufrimiento o malestar emocional, lo que puede convertirse en una barrera para solicitar atención psicológica de manera oportuna.

Especialistas de la Facultad de Psicología y Educación (FPE) de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) señalaron que, a partir de la experiencia obtenida en las Centrales de Servicio a la Comunidad (Ceseco), se han identificado diferencias en la forma en que mujeres y hombres se acercan a los servicios relacionados con el bienestar psicológico.

El coordinador de Extensión, Vinculación y Servicio Social de la FPE, Alejandro Morales Herrera, explicó que las madres continúan teniendo una participación importante en el seguimiento y cuidado de niñas, niños y adolescentes, pues frecuentemente son ellas quienes promueven la búsqueda de atención especializada.

Sin embargo, entre las nuevas generaciones comienzan a observarse cambios. Cada vez existe una mayor presencia de jóvenes varones en sesiones terapéuticas, aunque entre los hombres adultos todavía permanecen factores culturales que pueden dificultar que soliciten acompañamiento profesional por iniciativa propia.

Entre las principales barreras se encuentran algunas ideas relacionadas con los modelos tradicionales de masculinidad, como considerar que los problemas deben resolverse sin ayuda, evitar hablar abiertamente de las emociones o interpretar la búsqueda de atención psicológica como una muestra de debilidad.

De acuerdo con el académico universitario, estas creencias pueden provocar que una persona retrase la búsqueda de apoyo, además de dificultar la creación de redes familiares, sociales y profesionales que permitan atender oportunamente situaciones de malestar emocional.

Los registros de atención muestran un panorama distinto entre adolescentes, sector en el que actualmente existe una diferencia mínima entre el número de hombres y mujeres que reciben tratamiento psicológico. Para la FPE, estos datos abren la posibilidad de estudiar con mayor profundidad los cambios generacionales y conocer qué factores están favoreciendo una mayor disposición de los jóvenes hacia el cuidado emocional.

Morales Herrera destacó que generar espacios seguros para escuchar, dialogar y expresar preocupaciones es fundamental para fortalecer el bienestar tanto individual como colectivo.

También señaló la importancia de involucrar a madres, padres y personas cuidadoras para construir ambientes en los que hablar de las emociones o solicitar orientación especializada sea visto como algo cotidiano y no como una señal de debilidad.

Desde esta perspectiva, fomentar una cultura de acompañamiento puede contribuir a disminuir prejuicios y estereotipos, además de facilitar que más hombres reconozcan sus necesidades emocionales y recurran a atención profesional cuando lo consideren necesario.

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